Aunque nunca faltan los críticos que acusan de exageración a la industria tecnológica al introducir nuevos conceptos o dar a conocer perspectivas para el futuro, hoy existen razones fundadas para pensar que sí nos encontramos ad portas de cambios radicales para la humanidad a partir de los últimos avances tecnológicos.

Si bien es cierto que todos conocemos y visualizamos el impacto de nociones como el Big Data o datos de alto volumen, la Internet de las Cosas (IoT) y la Inteligencia Artificial (IA), por mencionar sólo los casos más llamativos, es evidente que los avances conjuntos de estas tecnologías que apuntan a la automatización total en faenas productivas supondrán transformaciones económicas, sociales y culturales sin precedentes.

Consideremos, por ejemplo, lo que pasa con la IA que, como ha destacado Gartner 1 , aparece hoy vinculada prácticamente a todas las tendencias tecnológicas, siendo responsable de que cada día nos topemos con más “cosas autónomas”, es decir, aparatos capaces de moverse solos, como drones, robots, autos e incluso aviones. La misma consultora prevé que hasta 2028 veremos el aumento sostenido de la presencia plataformas de conversación, realidad aumentada, realidad mixta y realidad virtual y que estos desarrollos cambiarán incluso nuestra percepción y forma de interactuar ante lo que nos rodea físicamente.

Conocida también como Cuarta Revolución Industrial, las transformaciones económicas asociadas a esta nueva era tecnológica no sólo se refieren a las empresas, sino también a los países, ya que las naciones más inteligentes y digitalizadas serán las que tomarán el liderazgo en las próximas décadas. Sin embargo, estos cambios afectarán directamente la vida de las personas, siendo el mundo del trabajo uno de los que sufrirá los máximos avatares, produciendo cambios sociales y culturales de vasto alcance.

En efecto, el cambio del mercado laboral significará la creación de nuevas profesiones y perfiles, algunos de los cuales ya comienzan a impartirse en universidades de países desarrollados. La digitalización será como la alfabetización de antaño y exigirá mezclar conocimientos que antes se pensaba totalmente incompatibles, como las humanidades con la informática, por ejemplo. En tanto, las habilidades blandas y la creatividad serán imprescindibles en los perfiles de los trabajadores del futuro, ya que el resto de las tareas serán desarrolladas por robots y máquinas dotadas de IA. En este punto, hoy el debate es si habrá crisis laboral o no, siendo lo más probable que se produzca un reemplazo paulatino de los humanos por máquinas en muchas tareas actuales, quedando las personas orientadas a trabajos que hoy llamaríamos “altamente calificados.

Lo importante de todo esto es que no es “ciencia ficción” para un futuro probable, sino un tema real en el que hay que trabajar desde ya. Esto significa realizar cambios en la educación superior para que se incorporen nuevas profesiones a la oferta educativa lo antes posible, porque de eso dependerá cómo se inserta el país en este nuevo mundo. Estamos en la era del conocimiento, en donde los datos son ya el mayor tesoro para los negocios, los países y las personas en su vida cotidiana y laboral. Así se refleja en la valoración de las principales compañías del mundo, en donde los líderes no son las que cuentan con más activos físicos sino las empresas más innovadoras, es decir, las que basan sus resultados en información, algoritmos y creatividad.

Contribución de trabajadores del conocimiento al PIB (Producto Interno Bruto) en Latinoamérica

16%

Promedio

30%

EE.UU

45%

Corea

Es necesario tejer y desarrollar un nuevo “sistema nervioso” para nuestra sociedad y países, donde el conocimiento se extienda a todos los rincones geográficos y capas sociales. En Latinoamérica esta tarea es más ardua porque la contribución de trabajadores del conocimiento al PIB (Producto Interno Bruto) es aún muy baja, ya que alcanzaba, hasta hace poco, sólo a un 16% (promedio), a gran distancia de países como EE.UU. (30%) o Corea (45%), según datos de Accenture 2 .

Esto nos plantea también la necesidad de que cada empresa y cada país debe hoy constituir la infraestructura de telecomunicaciones necesaria para ser partícipe a tiempo del potencial de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Este otro “sistema nervioso” es equivalente a lo que fueron las carreteras, calles, puertos y puentes que permitieron forjar el desarrollo económico y social en las décadas anteriores. La consolidación de esta autopista digital de alta velocidad será esencial en nuestro tránsito hacia un nuevo mundo, porque de ella dependerá la inteligencia de nuestros hogares, empresas, ciudades y países.

Nuevas formas de producir y trabajar plantearán desafíos económicos, sociales y culturales que no podemos descuidar hoy porque el mundo ciberfísico ya está ante nuestros ojos. Y todos tenemos un rol que jugar en esta transición porque, aunque cada día estemos más rodeados de máquinas, el ser humano estará siempre en su centro.

Autor:
Juan José Calderón
Gerente de Data Center y Seguridad
CenturyLink Perú